PULSE EN LOS ESCUDOS DE LAS COFRADIAS PARA OIR LOS HIMNOS.
|
|
| A partir de aquel momento sólo fue necesaria la intervención de algún obispo o algún cofrade capaz de ir dando forma a la imponente comitiva que integra los desfiles procesionales. La rivalidad entre las cofradías se encargaría de poner la nota de suntuosidad en lo que hasta entonces había sido una sencilla sucesión de actos penitenciales. Los gustos de la época, por su parte, se responsabilizaron de que la Semana Santa lorquina quedara integrada entre las tradiciones populares con un aire de esplendor operístico, probablemente muy ajeno a la atmósfera cultural que se respiraba cotidianamente en la ciudad. Entre unos y otros se fue formando una escuela de bordado que, sujeta a materiales tan preciosos como la seda, el oro y la plata, desarrollaría un repertorio de técnicas exquisitamente difíciles y de composiciones tan efectistas como las de la mejor pintura académica. Los mantos de las imágenes, las capas de los jinetes, las vestimentas de todos y cada uno de los personajes y hasta los caperuces de los nazarenos son auténticos muestrarios de un arte delicadísimo y, al mismo tiempo, son la demostración de que la Semana Santa de Lorca es algo que va más allá de lo puramente teatral. |